El sueño infantil es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo físico, emocional y cognitivo de los niños. Dormir bien no solo influye en su crecimiento, sino también en su comportamiento, su capacidad de aprendizaje y su bienestar general. Sin embargo, no siempre es fácil conseguir que los más pequeños descansen de forma adecuada.
Despertares nocturnos, dificultad para conciliar el sueño o rutinas irregulares son problemas habituales en muchas familias. En Centro Médico Dra. Raquel Santana queremos ayudaros a comprender cómo funciona el sueño en la infancia y saber cómo acompañar a los niños en este proceso es clave para mejorar su descanso y, con ello, la calidad de vida de toda la familia.
Las rutinas son esenciales para favorecer un sueño infantil de calidad. Los niños necesitan previsibilidad y seguridad, y una rutina de sueño bien establecida les ayuda a entender que ha llegado el momento de descansar. Idealmente, el horario de acostarse y levantarse debería ser similar todos los días, incluso los fines de semana, para regular su reloj biológico.
Antes de dormir, es recomendable crear un ambiente tranquilo y relajado. Actividades como un baño templado, leer un cuento o escuchar música suave ayudan a reducir la activación y facilitan la transición hacia el sueño.
Por el contrario, el uso de pantallas (tablets, móviles o televisión) debería evitarse al menos una hora antes de acostarse, ya que la luz azul interfiere en la producción de melatonina, la hormona del sueño.
El entorno también juega un papel importante. La habitación debe ser un espacio cómodo, silencioso y con una temperatura adecuada. Una iluminación tenue y una cama adaptada a la edad del niño contribuyen a un descanso más profundo. Además, es aconsejable que el dormitorio se asocie únicamente con el descanso, evitando actividades muy estimulantes dentro de él.
Durante la infancia pueden aparecer distintos trastornos del sueño, muchos de ellos transitorios, pero que conviene identificar a tiempo. Uno de los más frecuentes es el insomnio infantil, que puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos frecuentes o despertares muy tempranos.
Las pesadillas y los terrores nocturnos también son habituales, especialmente entre los 3 y 6 años. Mientras que las pesadillas suelen recordarse y provocar miedo, los terrores nocturnos se producen durante el sueño profundo y el niño no suele ser consciente de lo ocurrido. Aunque resultan angustiosos para los padres, en la mayoría de los casos no requieren tratamiento específico.
Otro problema frecuente es la resistencia a irse a la cama, que puede estar relacionada con ansiedad por separación, necesidad de atención o rutinas poco consistentes. Si el niño muestra irritabilidad diurna, somnolencia excesiva o dificultades de concentración, puede ser una señal de que no está durmiendo lo suficiente o de forma reparadora.
Dormir bien es fundamental para el correcto desarrollo del cerebro infantil. Durante el sueño se consolidan los aprendizajes adquiridos durante el día, se refuerza la memoria y se regulan las emociones. Un descanso insuficiente puede afectar al rendimiento escolar, aumentar la irritabilidad y dificultar la gestión emocional.
Además, el sueño está estrechamente relacionado con el crecimiento físico. Durante la noche se libera la hormona del crecimiento, esencial para el desarrollo corporal. También influye en el sistema inmunológico, ayudando al organismo a defenderse mejor frente a infecciones.
A largo plazo, la falta de sueño en la infancia puede asociarse con problemas de salud como obesidad, alteraciones del estado de ánimo o dificultades de atención. Por ello, cuidar el descanso desde edades tempranas es una inversión en la salud presente y futura del niño.
Aunque muchos problemas del sueño infantil se resuelven con cambios en las rutinas y hábitos, hay situaciones en las que es recomendable consultar con un profesional. Si las dificultades para dormir se prolongan en el tiempo, afectan de forma significativa al bienestar del niño o interfieren en su vida diaria, es importante buscar orientación especializada.
Un pediatra podrá valorar cada caso de forma individual, descartar posibles causas médicas y ofrecer pautas adaptadas a la edad y necesidades del niño. En algunos casos, un acompañamiento adecuado puede marcar una gran diferencia en muy poco tiempo.
En definitiva, el sueño infantil es un proceso evolutivo que requiere paciencia, constancia y comprensión. Acompañar a los niños con rutinas claras, un entorno adecuado y atención a sus necesidades emocionales es la mejor forma de ayudarles a dormir mejor y crecer más sanos y felices.
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